Carta de despedida de mami Ro a Koko y Bandit

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El arte de dejar ir

Cada vez que he acogido se me ha cruzado el mismo pensamiento por la mente: “bueno, supongo que si no les sale adopción, podría quedármelos”, pero no es tan sencillo y ya tengo a tres pequeñas bestias que me necesitan.

Koko y Bandit llegaron con miedo, bufando a todo, resfriados y desprendían esa extraña actitud de un gato que, a pesar de ser muy joven, ha vivido las inclemencias de la calle.

Ahora, mientras escribo, tengo a Koko mirando con curiosidad la pantalla y mis dedos, después de una ración de mimos que le gusta darme a esta hora y en esta mesa.

Bandit duerme tranquilo y calentito, a la espera de que me vaya a su lado y le acompañe, con la certeza de que le caerá más de una caricia.

En estos dos meses los he visto crecer, nos hemos dado mimos y calor y los he curado.

Es inevitable no crear un vínculo con los animales que acojo.

Pero no puedo permitirme caer a sus encantos. Alguien que también los querrá mucho y los cuidará tiene el derecho igualmente de disfrutar de ellos.

Quedarme con alguna de mis acogidas no me permitiría volver a dejar un hueco para un posible gato necesitado en el futuro.

Así que por mucho que me haya enamorado de ellos, una vez más, los tengo que dejar ir para que otros vengan detrás.
Es un sentimiento dulce y amargo a partes iguales.

Compartir este pequeño trecho de nuestras vidas y haberlos ayudado cuando más lo necesitaban es la mayor satisfacción que puedo tener.

Haced a vuestra nueva familia tan felices como me lo hicisteis a mí, pequeños.

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