

Silvia es la joven mamá de los LiteGatos (Wilde, Woolf, Poe, Shelley, Emily y Harper). Cuando fue localizada junto con su camada, se decidió rescatar a sus pequeños para darles la oportunidad de un hogar, mientras que Silvia, al ser feral, fue esterilizada y devuelta a su colonia, donde ha seguido atendida y alimentada.
Sin embargo, hace unos días Silvia apareció distinta. Maullaba bajito, con gestos de dolor evidentes y una deformación visible en la cadera. No sabemos con certeza qué le pasó —una mala caída desde un tejado o un atropello en una de las vías transitadas de la zona—, pero era indudable que había que actuar de inmediato.
Fue trasladada para una revisión veterinaria y las pruebas confirmaron la sospecha: una grave fractura de cadera que, en un primer momento, requería una compleja intervención quirúrgica.
Mientras llegaba el día fijado para la operación, Silvia estuvo en acogida en casa de Lourdes, descansando en un espacio reducido para limitar sus movimientos y controlar el dolor.
El día de la intervención teníamos el corazón encogido. Llegaba el momento de entrar a quirófano para esa cirugía que tanto nos preocupaba a todos. Sin embargo, en la medicina veterinaria el camino no siempre es una línea recta, y el equipo especialista tuvo que tomar una decisión sobre la marcha pensando, por encima de todo, en el bienestar real y el futuro de nuestra pequeña.

Al comenzar la intervención, el cirujano comprobó que el propio organismo de Silvia ya había empezado a reaccionar: se había formado un tejido fibrótico considerable alrededor de la fractura. Romper toda esa fibrosis para intentar colocar placas habría supuesto un destrozo desproporcionado. Además, al comprobar que la fractura ya está consolidando por sí misma y que Silvia es capaz de caminar y apoyar la pata, el especialista determinó que lo más sensato y beneficioso para ella es optar por un tratamiento conservador.
Según nos explicaba el cirujano, la mayor parte del dolor agudo que arrastra procede de la luxación y no tanto de la rotura en sí (que sigue su proceso natural de cicatrización), por lo que forzar una osteosíntesis habría supuesto añadir un sufrimiento innecesario. Lo que sí se llevó a cabo de inmediato fue la amputación de la parte de su colita que, por desgracia, se había necrosado a consecuencia del traumatismo.
Dentro del tremendo susto inicial, este giro representa un alivio enorme para su recuperación: le evitamos una intervención mucho más agresiva y un postoperatorio especialmente duro. Ahora a Silvia le esperan semanas de reposo pautado y analgesia adecuada para que su cadera termine de estabilizarse sin dolor.
